1. adj. Ajeno a la política.
Utilizar la bici como arma política es tan erróneo como utilizar un idioma o una bandera: cuando un grupo de personas se apropian de algo neutro, en lugar de elevar su valor se lo quitan, porque lo limitan a ese grupo, impidiendo el uso del bien común.
La bicicleta es símbolo de libertad y nos ayuda a movernos por la ciudad por nosotros mismos, sin depender de horarios, ni excesivos consumos (ni económico ni energético).
En pleno debate sobre el borrador del nuevo Reglamento de Circulación, en el que se pretende prohibir el uso de la bici como medio de transporte en ciudad (con excepción de los que vayan con casco), es bueno recordar que la bici es apolítica. Aunque forme parte del debate político, no tiene color político, porque es un bien común y su uso beneficia a toda la sociedad. Por tanto, debería ser promovida por todos y las medidas coercitivas deberían ser muy revisadas.
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